Alumnos de Miami realizaron una videoconferencia con la primera astronauta cubanoamericana en el espacio

Como el conteo regresivo del lanzamiento de una astronave, todos los ojos estaban fijos en la enorme pantalla, esperando la confirmación del Control de Misión en Houston.

Pero no eran científicos, sino alumnos de una escuela intermedia, sentados en el suelo, esperando una videoconferencia desde el espacio exterior.

“Hola, Mandelstam School, esta es la Estación Espacial Internacional. ¡Bienvenidos!”

Hubo una explosión de entusiasmo. Después de meses de planearlo, había una buena conexión con la Dra. Serena Auñón-Chancellor, la primera cubanoamericana en el espacio, para hablar sobre la vida a bordo de la Estación Espacial Internacional y asombrar a los adolescentes con sus maniobras en la ingravidez.

La Mandelstam School, una escuela de gimnasia de South Miami, que antiguamente era parte de la red de escuelas Gulliver, dedicó meses a preparar una larga solicitud para conseguir una videoconferencia de 20 minutos con un astronauta como parte del programa Downlink de la NASA, en el Centro Espacial Johnson, en Houston.

 

La escuela tenía una relación personal en el asunto: su enlace cultural, Magdalena Maury, es prima de Auñón-Chancellor. Pero debido a que los estudios y capacitación de Auñón-Chancellor la llevaron a muchos lugares lejanos, como Antártida, el viernes fue cuando Maury vio a su prima por primera vez.

“Creo que es asombroso que dada nuestra historia —[nuestra familia] vino de Cuba— que alguien de nuestra familia haya podido trabajar duro y lograr algo tan importante”, dijo Maury. “Yo trato de enseñar eso a los niños”.

Lola, una niña de primer grado, le preguntó a Auñón-Chancellor cuál es su actividad favorita en la estación espacial.

“Mi actividad favorita es flotar por la estación para todo lo que tengo que hacer”, dijo Auñón-Chancellor. “Puedo ponerme de cabeza y hablar con ustedes así”.

La audiencia estaba encantada. Los alumnos, quienes dedican al menos una hora y media diaria a la gimnasia, se maravillaron ante las contorsiones de Auñón-Chancellor.

“Acá arriba nos acostumbrarnos a no tener que sostener las cosas con las manos”, explicó. “Nos hemos convertido en bailarines. El cerebro aprende rápido”.

Uno por uno, los alumnos compartieron su curiosidad sobre la vida en el espacio exterior.

¿Cuando se regresa a la Tierra, qué tiempo demora el cuerpo en acostumbrarse a la gravedad? ¿Tiene la comida el mismo sabor en el espacio? ¿Lucen diferente las estrellas?

“Espero que el cabello vuelva a su lugar”, dijo la astronauta, quejándose de que flota en la ingravidez.

Los astronautas tienen una dieta limitada. “Nos encantaría comernos un taco”, dijo Auñón-Chancellor, quien dice que también tiene muchas ganas de comerse una hamburguesa con queso.

La nave SpaceX entregará 40 ratones en la estación espacial dijo. Y las estrellas lucen igual, aunque quizás brillan más.

Pero cuando en la estación apagan todas las luces, la vista desde la ventana es espectacular, dijo Auñón-Chancellor. Más allá de la Tierra se observa la Vía Láctea.

 

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