Cristian Silva Potellá: La revolución transformó lo extraordinario en ordinario

 

En una de sus infinitas arengas y proclamas públicas del mortal expresidente comunista venezolano Hugo Rafael Chávez Frías instó a sus seguidores a convertir “lo extraordinario en ordinario”.

Se refería el difunto líder a lo siguiente: “Ustedes deben cambiar diametralmente lo tradicional y normal forma de vivir de los ciudadanos venezolanos a situaciones fuera de lo común a la lógica humana”; sin embargo, ante los ojos del país y el resto del mundo todo debiera parecer normal.

Por ejemplo, debe ser algo cotidiano y ordinario que las mujeres cambien sexo por comida cuando la “revolución” las encarcele por oponerse a sus postulados políticos; o en la vida civil y silvestre, acercarse a cualquier panadería, vendedor de frutas o comestibles a negociar su cuerpo por alimentos.

Debe convertirse en una rutina diaria y común incendiar fábricas de galletas o de cualquier naturaleza cuando “sindicalistas patriotas” exijan “justa” remuneración a cambio de ‘seguridad’ y el propietario se oponga.

Será normal en toda la república la acumulación de millones de toneladas de basura con la expresa intención de la formación de nubes de moscas, mosquitos y alimañas de toda naturaleza con el objetivo de minar la salud de todos. Y vayan muriendo y desapareciendo porque cuando soliciten medicinas será “normal” no encontrarlas.

A la luz de los acontecimientos esa orden del “Comandante Supremo”- se está cumpliendo fielmente.

En pleno Parque Ayacucho de la ciudad de Cumaná bajo la estatua ecuestre del gran Mariscal Antonio José de Sucre donde ya se ve como ordinario el robo de un testículo del caballo y la mutilación del otro, así como el hurto de su espada para cambiarla por comida un parroquiano me preguntó:

Cristian, hermano, ¿qué te está pasando? Te veo más flaco, chico. Con una amplia sonrisa le contesté: “paisano, no me estoy alimentando adecuadamente al igual que 30 millones de compatriotas en todo el país. Si tú estás comiendo completo me alegro y te felicito”.

No, yo estoy peor, -fue la respuesta-. “Al menos tu puedes caminar y vas a tu casa a compartir un pan con tu familia. Yo no puedo caminar, quedé solo, sin familia. Se fueron todos. Uso este bastón para poder medio movilizarme; dependo de un poco de comida de una casa de alimentación. Vivo arrimado en un barrio porque vendieron la casa para pagar los pasajes al exterior y me traslado en los buses de ‘Sucre Potencia’ donde viajo gratis”.

Otro me dio a conocer su inquisidora inquietud. Cristian, ¿será cierto lo que escribiste? Que un médico cumanés cobró 650 dólares a un obrero por introducirle una aguja a través de su órgano genital casi obligándolo a fumar tabaco y marihuana. ¿Será verdad que los pacientes del hospital central deben bajar todos los pisos a hacer sus necesidades en el monte -¡porque no hay agua!-… y además, los locos se escapan y junto a malandros y pistoleros hacen cualquier barbaridad? ¿Y de comida, –cuando la sirven-, solo ofrecen arepa con espagueti?

¿Será verdad? Todavía hay dudas a pesar de la grave crisis. Sin embargo los venezolanos racionales no queremos acostumbrarnos, ni seguir viviendo en la barbarie socialista, genocida y antihumana.

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