El peso manda en el 70 % de las actividades económicas del Táchira

El peso colombiano se ha instaurado en el Táchira como moneda de cambio.  A las afueras del terminal de San Cristóbal ya es cotidiano el intercambio de bolívares a pesos y viceversa.

Los tachirenses, ante la acelerada y alarmante devaluación del bolívar, han optado por resguardar sus operaciones en monedas duras, practica que realizan tanto los comerciantes como la ciudadanía en general.

Aldo Contreras, destacado economista del Táchira, aseguró que hoy tenemos una dolarización de facto.

«El Tachira ha acogido al peso como moneda de cambio. A las afueras del terminal de San Cristóbal vemos cómo es normal el cambio de bolívares a pesos y viceversa. Están los llamados maneros, que pese a ser ilegales operan allí ante la desaparición del estado y de un BCV que no hace política cambiaría», aseguró Contreras.

Dijo que el negocio de los cambistas es el más común, y que hay minicasas de cambio en todos los sectores y entornos.

«Aunque que el BCV dio libre convertibilidad a la moneda, pertenece a las tres casas de cambio autorizadas en el país hacerlo: Zoom, Italcambio e Insular.  Ninguna en Táchira opera con el peso colombiano como en otrora, por lo que el mercado ha buscado llenar ese vacío», apuntó.

Señaló que en el Táchira, por ser frontera, lo que se mueve es el peso colombiano. Los ciudadanos realizan todo tipo de compras en pesos y los bolívares han ido desapareciendo no solo de los bolsillos sino del mercado.

Dijo que Venezuela atraviesa el peor ciclo económico de su historia con una hiperinflación que ha superado los límites y una devaluación del 97 % sólo en 2019.

Se compra y se vende

«Vivimos de la compra y venta de dinero», sentenció el economista.

En el terminal de pasajeros de San Cristóbal y sus alrededores, abiertamente un grupo de personas ofrecen sus servicios de operadores cambiarios. Ellos se dedican a diario de la compra y venta de bolívares, dólares y pesos.

«Trabajamos aquí todo el día, de esto vivimos. Compramos bolívares y los cambiamos por pesos y compramos pesos y los cambiamos y de la ganancia que nos queda, vivimos», indicó José Manuel López. Dijo que él se vino de Anzoátegui porque no tenía trabajo y su familia estaba pasando hambre.

«Tengo tres meses dedicado a esto. No es fácil, pero al menos me da para darle de comer a mis chamos. Me gano medio punto al día, dependiendo del cambio», apuntó.

Normalmente le compran los bolívares a los choferes que viajan a la frontera y luego los cambian en pesos para venderlos.

Las ganancias varían. Dependiendo del movimiento, ganan entre 15.000 y 20.000 pesos colombianos al día, lo que equivale al cambio a unos 150.000 bolívares.

«Este negocio no es fácil. Aquí también nosotros somos víctimas de la Policía y la Guardia. Muchas veces tenemos que pagarles en pesos para que nos dejen trabajar aquí en el terminal», denunció uno de los comerciantes de papel moneda, que prefirió mantener su nombre en reserva por temor a represalias.

María Teresa Rodríguez es madre soltera. Todos los días con su pequeña de ocho meses en brazos, vende y compra dinero.

«La crisis me obligó a esto. Por lo menos me gano unos pesitos que me sirven para comprar los pañales y la leche de mi niña. Con un sueldo mínimo uno se muere de hambre y pues hay que ponerse creativo para surgir», señaló.

La actividad ha proliferado y cada vez son más las personas que se dedican a este oficio. Venezolanos de diversas regiones del país han migrado a la frontera para formar parte de este rebusque. Este es uno se los pocos oficios que genera ganancias frente a la dramática devaluación del bolívar.

Redacción Curadas

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