La Historia, víctima favorita del chavismo: La ignorancia en el poder

El chavismo continua tergiversando la historia

Una de las víctimas favoritas de los gobernantes «socialistas bolivarianos» ha sido la historia de Venezuela. Así como desconocen la existencia de la ciencia económica, se han empeñado a lo largo de sus cuatro lustros, en desconocer o distorsionar la narración del acontecer nacional, que los historiadores han ordenado según patrones técnicos universalmente aceptados.

La historia según el chavismo

El chavismo continúa tergiversando la historia, porque la ignorancia es atrevida y así lo demuestra la tesis en donde la conquista española se reduce a un acto genocida.  Érika Farías ordenó el cambio del nombre de la autopista Francisco Fajardo por la de El Cacique Guaicaipuro. La gran pregunta es: ¿de dónde surge esta idea?

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Mestizos por naturaleza 

Los venezolanos somos, fundamentalmente, mestizos. La novela creada por el difunto Hugo Chávez en donde llegaron los españoles y masacraron a los indígenas no está documentada, ni en Venezuela, ni en todos los demás virreinatos. De hecho, hubo mucha cooperación y colaboración de los grupos autóctonos, es decir, se mezclaron.

Esto no quiere decir que no hubo resistencia, ni masacre. Lo que quiere decir es que no fue ni «tan clavo ni con dos pelucas». Por otro lado, intentar entender la historia desde la actualidad, interceptando conceptos contemporáneos es un error que solo sirve a la propaganda populista.

La historia cuenta con personajes como Francisco Fajardo, hijo de un español con una mujer indígena llamada Isabel, miembro (o miembra) importante de la etnia guaiquerí que poblaba Margarita y parte de la costa de lo que hora es el Estado Sucre. Los Guaqueríes eran acosados constantemente por los caribes. Con la llegada de los españoles encontraron protección, lo que terminó en una alianza. Se llama relación simbiótica: cada quien sacaba provecho del otro.

Cuando los españoles arribaron a “la Isla” los guaiqueries los recibieron con cordialidad buscando establecer una alianza con ellos, buscando protección del acoso de los caribes. Debido a ello las crónicas describen a los guaiqueríes como “amorosos y complacientes” con los recién llegados.

La víctima favorita del chavismo

La ignorancia sumado a la estrategia  socialista de “confunde y vencerás”, empuja a la alcaldesa a tildar de  genocida a Francisco Fajardo. Sin embargo, la historia no sólo contradice este nuevo engaño sino que permite, además, esclarecer otras farsas como el de la resistencia indígena. 

Según el escritor de origen margariteño Francisco Suniaga, la tesis del chavismo expuesta inicialmente por el culto e ilustrado prócer de Sabaneta, es que los venezolanos descendemos de los indios y de los negros. En esta visión de la conquista, los españoles y sus descendientes como Francisco Fajardo aparecen como genocidas de los grupos indígenas. 

Los españoles e indígenas de la isla de Margarita no solo convivieron pacíficamente sino que se aliaron y amancebaron desde un inicio. Los indios guaiqueríes apoyaron la labor del mestizo Fajardo como explorador y colonizador. Su madre indígena le sirvió de embajadora para facilitar sus contactos con las tribus del centro del país y en el momento de su muerte defendió su buen nombre y luchó porque se le hiciera justicia. La relación de amor y apoyo incondicional de la india Isabel a su vástago el mestizo Fajardo, contrasta con el relato de odio y reconcomio entre conquistadores e indígenas que el chavismo ha tratado de imponer en su tarea de adulterar la historia de la conquista y colonización de Venezuela.

 

Historia versus Historieta

Para rematar el disparate, utilizan la palabra “genocidio” para todo aquello que tiene que ver con ascendencia española. Supongo que en aras de salvaguardar el  propio “genocidio”  que ejecutan desde hace, aproximadamente, dos años. 

A los chavistas les encanta martirizarse, victimizarse y enjuiciar extemporáneamente a los enemigos de su imaginación. Es decir, les fascina perder el tiempo, la lógica y los valores. Es un recurso ampliamente utilizado por la autocracia. Controlar las emociones del “pueblo” resulta ser bastante generoso para sus verdaderas intenciones: perpetuarse en el poder. 

Afortunadamente, el arma con la que se combate la manipulación ejecutada desde la ineptitud es la lectura y el conocimiento:

“Según lo resume el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar  en la vida de Francisco Fajardo no hubo nada parecido siquiera a una masacre, mucho menos a un genocidio. Según la nota de esa importante y confiable obra, Fajardo se vio envuelto en escaramuzas en las que dio muerte, por ahorcamiento, a un cacique del litoral central que llevaba por nombre Paisana”.

Pero aún en el caso de que hubiera ajusticiado cobardemente a muchos de sus adversarios, hay que considerar que Francisco Fajardo fue un hombre de su tiempo y su conducta es del siglo XVI y no de este, y por tanto no se le puede juzgar con los parámetros del presente. Este sería un error conocido como: anacrónico.

Anacrónico

Preguntas sin respuesta

Las preguntas que toca hacerles a los manipuladores de la historia  bolivarianos son obvias. Más allá de que Chávez negó su condición de héroe en uno de sus cientos de Aló Presidente; de que Maduro lo llamó genocida en unas de sus miles  declaraciones; y Jorge Rodríguez lo haya proclamado como tal criminal en un acto donde se honraba la memoria de Eliézer Otaiza, y que, finalmente, Erika Farías realice el “ejecútese” del cambio de nombre bajo la misma tesis, arrebatándonos a los caraqueños uno de los signos latentes de nuestra identidad:

  1. ¿cuál es la fuente histórica para sustentar tan gruesa acusación? 
  2. ¿De qué obra, en que texto, quién fue el historiador, dónde está el documento de donde emanó el conocimiento que llevó a juzgar y condenar inaudita altera parte a Francisco Fajardo, un capitán mestizo margariteño que vivió entre 1524 y 1564?
  3. ¿Cómo pudo ser genocida un hombre que se hacía acompañar mayormente por sus paisanos guaiqueríes (tribu reconocidamente pacífica), en una época en que en Venezuela no había gente para cometer ese abominable crimen y faltaban todavía más de 400 años para que la palabra genocidio siquiera apareciera sobre la faz de la tierra?
  4. Y por último: ¿es en serio? 

Finalmente, podríamos decir: no tiene importancia, igualito la voy a seguir llamando autopista Francisco Fajardo. Sin embargo, seguir permitiendo que sigan atentando desde la ineficacia a nuestra identidad mella nuestro subconsciente, sobre todo de aquellos que crecen y son educados en socialismo, siendo alevosamente manipulados en su forma de percibir el mundo. 

Qué otros nombres de nuestra geografía histórica han cambiado y con cuál te has acostumbrado? Coméntanos!

Fuentes Dígaloahí / Prodavinci

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