La revolución indecente, por @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Decencia, es la conducta de cumplir la palabra empeñada, no robar, ni matar. Es considerar al prójimo con dignidad, como el ser humano que es. Ser decente es responder de manera natural a las obligaciones con la familia, relacionados, jefes, empleados, autoridades y éstas con los ciudadanos. Es recato, compostura y honestidad. Posible definirla como el valor que hace se sea consciente del honor y decoro humano. En sentido particular al acatamiento externo de normas sociales, convivencia y buenas costumbres ciudadanas. 

La democracia reclama y exige decencia, sin ella no hay democracia. Para ser demócrata hay que ser decente, para ser decente hay que actuar como un verdadero demócrata.

Quien abusa de su fuerza, viola Derechos Humanos, tortura, quebranta la Ley, encarcela por capricho y/o razones políticas, es indecente. Quien hace cosas buenas, pero miente, roba, aunque, no hiera ni mate es impúdico. Creer o no en Dios es una decisión personal, pero tanto si creen o no, léanse los diez mandamientos; son pautas para vivir, y normas de la decencia.

Cuando una persona toma decisiones en beneficio de otra, esperando ser favorecido con lealtad y agradecimiento, está mintiendo o negociando emociones, eso es indecoroso. Cuando un funcionario descuida su trabajo, altera presupuesto para obtener dinero para sí, es deshonesto, perjudica la obra o servicio para muchos, lesionando a esos muchos que recibirán menos beneficios, como llevamos años padeciendo servicios públicos deteriorados, deficientes; electricidad, agua, comunicaciones son ejemplos de indecencias del régimen.

Quien elige funcionarios por obediencia y sumisión, no por capacidad y conocimiento no es decente, es irresponsable y en extremo idiota; quien se hace la vista gorda ante guerrilleros, narcotraficantes, cobradores de peajes, negociadores de contratos con sobreprecios, no es decente ni da ejemplo de decencia, es ladrón sinvergüenza impúdico e incivil; llevamos años agobiados por una revolución que apartó de sus objetivos la decencia, que no la toma en cuenta, aunque trate de hacer creer que sí la tiene y aplica, es su indecencia original. La reprobación social para los indecentes, es decencia. 

Razón por la cual, la decencia emigra de Venezuela, busca sedienta con angustia y fuerza de la esperanza, ambientes decentes que no consigue en el socialismo castrista bolivariano, populismo infame, amoral, cínico, desvergonzado, traidor de principios éticos, morales que, en manos manchadas y ensangrentadas de este régimen comunista, no son más que caretas, disfraces cada día más desgastados, pero lamentablemente funcionando.

No es decente el que distribuye territorio de un país para que prosélitos de confianza, familiares, serviles despreciables cuya lealtad necesita, socios cómplices cohabitantes, manejen a su antojo y se enriquezcan, tan poco decente como confiar minas a gobernadores para que hagan sus deseos ante la incapacidad de quien tiene la obligación constitucional de asignarles recursos y exigirles rendición de cuentas.

No es decente es inmoral, quien paga con dinero sucio guardaespaldas, asesinos, verdugos atemorizadores y extorsionadores para que le den a su vez parte de esas ganancias deshonestas, como tampoco es decente utilizar bolichicos, amigos, parientes, testaferros, empresarios y bancos desvergonzados para enriquecerse mientras quienes deberían ser beneficiados con progreso, prosperidad, felicidad y calidad de vida, son abandonados a su suerte.

La ideología socialista, comunista, de izquierda, y quienes la han asumido en el mundo, sufren la bancarrota económica, desprestigio político, ruina intelectual, derrumbe social y quiebre moral. El socialismo bolivariano venezolano ha sido y sigue siendo una indecencia en descaradas manos indecentes, a pesar de convertirse casi en una religión, es la estructura propagandística y apoyo teórico al resentimiento anti-capitalista. La izquierda se basa en la ignorancia, para conquistar el poder y en el miedo, inopia, atraso y control social, para preservarlo. La humillación nacional que produce, ya luce intolerable. Si las fuerzas democráticas del hemisferio no actúan con urgencia, además de indecentes, son de una torpeza descomunal. Los actos recientes ejecutados en Latinoamérica no son espontáneos, ni aislados; forman parte de un plan dirigido por el Foro de Sao Paulo, cuyo objetivo es el derrocamiento de las democracias, restaurando el comunismo castrista y socialista. 

La decencia, libertad, democracia no son cómodas ni fáciles de alcanzar. Quienes la buscan en el convencimiento y creencia de que lo son, se hunden en la dependencia, vasallaje y servidumbre. Durante siglos los venezolanos hemos sido un pueblo con fallas y equivocaciones, pero somos esencialmente mujeres y hombres decentes. Observamos normas morales socialmente establecidas y buenas costumbres. Son expresiones comunes: “¡aquí no hay respeto ni decencia, eso es lo que pasa!; “lo único que le pido es decencia, hay criaturas”, son solo un ejemplo.

Desde hace veinte años, cada día lo somos menos. Hemos perdido, extraviado u olvidado el sentido de la decencia, probidad, honradez, rectitud que impide cometer actos delictivos e ilícitos moralmente reprobables. Un político que se valore así mismo, estime y respete a los ciudadanos debe conservar por encima de todo, su decencia.

@ArmandoMartini

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